Friday, March 5, 2010

Jeff

Jeff cantaba muy mal, pero componía himnos punqueros perfectos. Era suficiente que pudiéramos hacernos una idea de lo que quería expresar melódicamente. Como a tantos otros chicos de Ridgefield Park, no le interesó hacer una carrera de medicina, de leyes, de negocios; blah, blah, blah. Las universidades estatales sólo figuraban si ofrecieran un local para poder explayarse en sus canciones, en rondas de cerveza, en muchachitas con chaquetas militares. No le interesaba tener un carro, un buscapersonas. Sentía un recelo violento, visceral de toda persona que pudiera blandir descaradamente un poco de movilidad material.

Era hijo de croatas. Sus padres vinieron como otros croatas que querían escaparse de la represión cultural y la familia estaba cómodamente lejos de tener que bancarse la limpieza que se dio más o menos en la época en que lo conocí. La primera canción que tocamos fue "Just like Heaven". Le habían advertido que me gustaban el new wave y el goth. Daba igual. Con tal que tocara su canciones bien, no importaba. Y las tocaba... a la perfección. Estaba tan entusiasmado que hubiera un bajista que estuviera dispuesto a integrarse para resucitar su creación. Y con su tocayo que tocaba la batería empezamos a ensayar y luego a hacer conciertos en cualquier lugar que pudiéramos en el estado. A veces llegábamos y no había nadie para recibirnos, a veces tocamos para un público lo suficientemente numeroso para nosotros y para el club. Unos cuantos dólares nunca nos venían mal. De vez en cuando cruzábamos la frontera para tocar en esos locales de más prestigio por estar entre el hormigón y la drogadicción. Era fascinante entrar en un ambiente lleno de tantas posibilidades, de tantas personas.

Me acuerdo cuando Melissa hizo una fiesta en su casa después de un concierto. Estaba borracho hasta el punto del autismo. Trató de levantarse a Melissa varias veces. Obviamente tuve que demostrar mi hombría, por pequeña que fuera, y defender su honor, así que saqué a Jeff para hablar con él. Se disculpó y me propuso algo que nunca había entrado en mi panorama adolescente: cruzar la frontera, vender la bocina que yo usaba y comprar no sé qué cosa que anhelaba tanto en ese momento. Sabía que se refería a alguna droga, pero en ese entonces no cabían en mi mente más que la marihuana y el alcohol. ¿Necesitaba algo más? Fue el primer crack que se produjo entre nosotros. Estaba empezando a componer mis propias canciones.

Después lo vi en un concierto. Cuando salí a fumar un cigarrillo, lo vi vendiendo un disco de 7 pulgadas con tres canciones, una de las cuales conocía muy bien, ya que era uno de los himnos que tocaba hacia finales de mi integración a la banda. Steve me había reemplazado. Buena gente el Steve. A veces tenía el pelo como Sid, a veces se lo rapaba. Tocó una vez conmigo en Pene colado (preferiría olvidarme de ese grupo, pero hay veces que uno no puede evitar los recuerdos molestosos). ¿Por qué habría de estar celoso? Por fin tenía mi propia banda y componía canciones, ¡completamente mías! Pero me acuerdo de su frialdad y lo profundamente que me hirió. No me acuerdo si lloré en algún momento, en algún rincón. Es una verdadera jodienda ser músico.

La noticia me llegó por boca de Adrián. Lo encontraron en su sofá. Escuché que tuvo un ataque cardíaco. Tenía 27 años. Una edad inverosímil: uno podía vivir sin sus padres y todavía era joven. Pero Jeff tenía una situación aún mejor. Vivía con su madre, que le daba de comer y lo dejaba hacer lo que le daba la gana. La llamé y le dije que iría al entierro. Tenía toda la intención de ir. Pero se me escapó la oportunidad.

1 comment:

  1. wow. que lástima lo de tu amigo. bello recuerdo del inicio de un instante, de un futuro y un presente. la música sigue....

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